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La revista Science, de octubre 9, de 2020 llamó la atención a los astrónomos para considerar sus prácticas observacionales. Con el título del artículo “La Astronomía es-y tiene-un problema climático”, ha alertado a la comunidad científica de cómo la práctica observacional en la astronomía y las convenciones anuales, nacionales e internacionales, tiene que hacer un giro para contribuir con la disminución del dióxido de carbono en la atmósfera.

Daniel Clery, el autor del artículo de Science, llama la atención con una fotografía del Observatorio Lick, en las cercanías de San José en California que, muestra los estragos alrededor del observatorio, debido a los intensos fuegos que han consumido sus alrededores. Este observatorio al cuidado de la Universidad de California, fue inaugurado en el año de 1888 sobre el monte Hamilton a 1280 m de altura. Las llamas fueron contenidas antes de llegar al observatorio, no sin destruir algunos edificios que no estaban en uso y algunas casas. El telescopio escapó a la catástrofe que dejó un poco de ceniza sobre sus espejos. Es verdad que estos ciclos de sequedad y fuegos son típicos en California, pero la directora de los observatorios de la Universidad de California apunta que “el calentamiento global no lo ha hecho mejor”.

Los astrónomos, dice Clery, tienen un problema climático. El cambio del clima sobre la Tierra, podría entorpecer las observaciones debido al aumento en la temperatura, la humedad y la turbulencia en la atmósfera cerca de los observatorios en las cimas de las montañas. También, una seria advertencia se enfatiza sobre cómo los astrónomos contribuyen con el calentamiento global, en por lo menos dos aspectos: sus largos viajes a lugares remotos, para observación y convenciones nacionales e internacionales, y el intenso uso de super computadoras consumidoras de grandes cantidades de energía, para la simulación cósmica. Leo Burtscher, de la Universidad de Leiden, dice a esto que “somos parte del problema, no parte de la solución”.  

Aquí reproduzco el abstract de un artículo publicado en la revista Nature,( Nature Astronomy 4 , 843–851) que advierte sobre este problema:

The imperative to reduce carbon emissions in astronomy Adam R. H. Stevens  1,2 ✉, Sabine Bellstedt  1 , Pascal J. Elahi1,2,4 and Michael T. Murphy  3 For astronomers to make a significant contribution to the reduction of climate change-inducing greenhouse gas emissions, we first must quantify the sources of our emissions and review the most effective approaches for reducing them. Here we estimate that Australian astronomers’ total greenhouse gas emissions from their regular work activities are ≳25 ktCO2e yr–1 (equivalent kilotonnes of carbon dioxide per year). This can be broken into ~15 ktCO2e yr–1 from supercomputer usage, ~4.2 ktCO2e yr–1 from flights (where individuals’ flight emissions correlate with seniority), >3.3 ktCO2e yr–1 from the operation of observatories, and 2.6 ± 0.4 ktCO2e yr–1 from powering office buildings. Split across faculty scientists, postdoctoral researchers and PhD students, this averages to ≳37 tCO2e yr–1 per astronomer, more than 40% greater than the average Australian non-dependant’s emissions in total, and equivalent to around five times the global average. To combat these environmentally unsustainable practices, we suggest that astronomers should strongly preference the use of supercomputers, observatories and office spaces that are predominantly powered by renewable energy sources. Where current facilities do not meet this requirement, their funders should be lobbied to invest in renewables, such as solar or wind farms. Air travel should also be reduced wherever possible, replaced primarily by video conferencing, which should also promote inclusivity.

Vale la pena revisar estos artículos y pensar en nuestras propias prácticas, aunque sean modestas. Al ritmo de la producción de CO2 en la atmósfera, los grandes telescopios también serán afectados, como se reporta. Solamente los astrónomos en Australia contribuyen con gases de invernadero equivalente a más de 25 kilotoneladas de CO2 por año, que incluyen 15 kilotoneladas de CO2/a por el uso de super computadoras. Se sugiere el uso de programas mas eficientes.

Muchas preguntas creo, se quedan todavía sin contestar al respecto. Creo que los telescopios en órbita terrestre ayudan a entender el cosmos, pero toda esa información tiene que procesarse. Cómo se podría modificar el mecanismo de procesar datos, sin el uso de supercomputadoras, aparenta ser imposible, pero quizá con energía renovables se logre bajar la producción del CO2, sin prescindir de la necesaria inteligencia artificial para el procesamiento de la información que nos llega. Se necesitan cerebros!  

Published by pkrumbein

Retired Physics/Astronomy teacher and instructor. Master in Physics Education and Master in Astronomy and Astrophysics. My interests are in reading and writing.

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